Para muchos, el estrés es un compañero de vida inseparable. El mundo vive acelerado y las personas se aceleran con él, o más bien, el mundo vive acelerado porque las personas lo aceleramos. Dentro de este contexto, el estrés crónico es tan común como el resfriado, aunque el precio que se puede pagar con el estrés supera con creces el que se paga a consecuencia de un resfriado. Mente y cuerpo pueden encontrarse colapsados a consecuencia de las situaciones de estrés, sobre todo cuando son prolongadas en el tiempo.
El estrés y la ansiedad son parte natural de la respuesta de lucha o huida y la consiguiente reacción del cuerpo ante una situación de peligro. El propósito de esta respuesta no es otro que el de asegurar que la persona se encuentra en estado de alerta, enfocada y preparada para poder enfrentarse a la amenaza. Tanto el estrés como la ansiedad son respuestas normales y naturales, si bien es cierto que, en ocasiones, pueden llegar a resultar abrumadoras.
Cuando una persona se siente amenazada, el cuerpo libera las hormonas del estrés que hacen que el corazón lata con más rapidez, provocando que se bombee mayor cantidad de sangre a órganos y extremidades. Este tipo de respuesta física prepara a las personas para la lucha o la huida. Al mismo tiempo, se aumenta el ritmo de la respiración y la presión sanguínea. Los sentidos se agudizan y el cuerpo libera nutrientes en la sangre para garantizar que todas las partes del cuerpo tengan disponible la energía necesaria.
Se trata de un proceso que se produce de forma rápida al que los expertos denominan estrés, en tanto que la ansiedad es la respuesta del cuerpo ante ese estrés. Son muchas las personas que reconocen la ansiedad como la sensación de estrés, intranquilidad o temor que las mantiene alerta y conscientes. La respuesta de lucha o huida se puede activar frente a una amenaza física o emocional, real o percibida.
Qué es el estrés en realidad
Nos hemos acercado a Canvis Centro de Psicología, donde cuentan con un equipo multidisciplinar en el que se encuentra uno especializado en trastornos de la ansiedad. Estos profesionales nos han explicado en qué consiste el estrés que todos conocemos, pero no tenemos muy claro por qué se produce. El estrés no es más que la manera en que el cuerpo responde ante cualquier tipo de exigencia o amenaza. Ante la percepción de un peligro, tanto si es real como imaginario, las defensas del cuerpo se activan en un proceso rápido y automático al que se conoce como reacción de lucha o huida o, simplemente, respuesta al estrés.
Esta respuesta es la forma del cuerpo para protegerse. Cuando funciona como es debido, ayuda a mantener la concentración, la energía y a estar alerta. En situaciones de emergencia, puede salvar la vida de una persona proporcionándole más fuerza para la defensa, por ejemplo, o mediante un impulso para frenar en seco y evitar un posible accidente de tráfico. De hecho, cuando el estrés puede tener un efecto positivo, se le denomina “eustrés” y puede ayudar a superar retos como mantener el estado de alerta durante una presentación en el trabajo o la escuela, mejorar la concentración cuando se disputa un partido de fútbol o impulsar a un estudiante a preparar un examen.
Sin embargo, aunque no todo el estrés es negativo, a partir de cierto punto no resulta útil y produce daños importantes. El estrés que se percibe como un agobio puede tener un impacto negativo en la salud, el estado de ánimo, la productividad, las relaciones personales y la calidad de vida.
Cuando se siente agotamiento y se está abrumado de manera frecuente, puede ser momento de tomar las medidas necesarias que devuelvan el equilibrio al sistema nervioso. Es posible protegerse y mejorar la forma de pensar y sentir, al aprender a reconocer los signos y síntomas del estrés crónico, de tal manera que se puedan tomar las medidas adecuadas y reducir los efectos negativos.
Pensar que el estrés forma parte de un espectro puede resultar útil. En un extremo, encontramos el citado eustrés, donde los niveles de estrés son manejables y pueden motivar a la hora de superar retos. Aunque puede sacarte de la zona de confort, también puede ayudar a tener éxito en una determinada situación.
En el extremo opuesto, encontramos el distrés, ese estrés que nos hace sentir pesadumbre y puede perjudicar el estado de ánimo y la perspectiva, alterar el sueño y desencadenar problemas de salud, como la depresión y la ansiedad. El estrés se produce cuando se siente más estrés del que se puede soportar, tanto si se trata de sentirse muy ocupado por el trabajo como si se trata de tener mala economía o de padecer una enfermedad.
La percepción individual del estrés influye en si se experimenta eustrés o distrés ante una situación. Si se siente preocupación, agotamiento y se está abrumado por una fecha límite de trabajo, se puede experimentar distrés. Sí, por el contrario, se experimenta entusiasmo porque cumplir esa fecha puede conllevar un efecto positivo en el trabajo; el estrés puede resultar motivador y útil.
Cuando se siente una amenaza, el sistema nervioso responde liberando un torrente de hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol, que activan el cuerpo y lo preparan para una acción de emergencia. El corazón late más rápido, los músculos se tensan, aumenta la presión sanguínea, se acelera la respiración y se agudizan los sentidos. Estos cambios provocan un aumento de la fuerza y la energía, aceleran el tiempo de reacción y mejoran la concentración para luchar o huir.
Efectos del estrés crónico
Cuando el sistema nervioso no hace una correcta distinción entre amenazas emocionales y físicas, se siente estrés por una discusión, una fecha límite en el trabajo o muchas facturas por pagar; el cuerpo puede llegar a reaccionar con la misma intensidad que si se enfrentara a una situación real de vida o muerte. Cuanto más activo se encuentre el sistema de estrés, más fácil se activa y más difícil resulta su desactivación.
Si la tendencia a estresarse es frecuente, es muy probable que el cuerpo se encuentre en un estado de estrés elevado durante la mayor parte del tiempo, lo que puede conllevar serios y graves problemas de salud. El estrés crónico tiene la capacidad de alterar todos los sistemas del cuerpo, desde suprimir el sistema inmunitario hasta trastornar el sistema digestivo y reproductor, aumentar la probabilidad de padecer un ataque al corazón o un derrame cerebral… También puede reconfigurar el cerebro, haciendo que se vuelva más vulnerable a la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental.
Aunque la ansiedad es uno de los problemas más asociados al estrés, hay que saber diferenciar entre ambos. Uno y otro son parte de la misma reacción del cuerpo y presentan una sintomatología similar, lo que hace que resulte más difícil su diferenciación. Sin embargo, el estrés suele limitarse a un corto periodo de tiempo y es la respuesta ante una amenaza. La ansiedad puede permanecer y en ocasiones parecer que no hay nada que la desencadene. Aunque los expertos aseguran que la ansiedad es una reacción al estrés.
Dentro de los problemas de salud originados o agravados por el estrés, encontramos la depresión y la ansiedad, el dolor de cualquier tipo, los problemas de sueño, las enfermedades autoinmunes, los problemas digestivos, las afecciones cutáneas, enfermedades cardíacas, problemas de peso, problemas reproductivos, problemas de pensamiento y memoria.
Lo más peligroso del estrés es la facilidad con la que te invade y hace que la persona se acostumbre a él. Llega a parecer una sensación tan familiar que resulta normal, sin darse cuenta de lo que afecta. Por lo que es necesario saber reconocer los síntomas más comunes, que son los problemas de memoria, la incapacidad para concentrarse, el mal juicio, ver solo lo negativo, la ansiedad y los pensamientos apresurados y la preocupación constante.
Sobre los síntomas emocionales, destacan la depresión e infelicidad generalizada, la ansiedad y la agitación, el mal humor, la irritabilidad, sentirse abrumado, la soledad y el aislamiento, así como otros problemas de salud mental o emocional.
Las situaciones y las presiones que generan estrés son conocidas como factores estresantes. No solemos pensar que los factores estresantes son negativos, aunque cualquier cosa que exija demasiado puede resultar estresante. Incluyendo acontecimientos positivos como un ascenso o comprar una casa. No todo el estrés es consecuencia de factores externos; puede ser interno o autogenerado. Aunque la percepción que se tiene del mismo puede influir, ya que lo que puede resultar estresante para uno no tiene que serlo para otro.
Aprender a manejar el estrés es la mejor manera de evitar que se produzcan otras afecciones. Una de las más comunes es la ansiedad, esa respuesta al estrés que implica la necesidad de buscar ayuda y hacer cambios sustanciales en el día a día. Ante la presencia de un estrés crónico y difícil de manejar, lo mejor es buscar ayuda profesional y aprender a mejorar la capacidad para manejar las situaciones de estrés, evitando problemas mayores.



